lunes, 23 de febrero de 2015

Sevilla centro comercial e industrial de España. Sevilla-España.



Columnas con las estatuas de Hércules y Julio César en la Alameda de Hércules.

Las tropas romanas entran en el 206 a. C., durante la Segunda Guerra Púnica, bajo las órdenes del general Escipión y acaban con los cartagineses que habitaban y defendían la región, siendo sus sucesores en el sur peninsular. El general decidió fundar Itálica (actualmente en ruinas) en un lugar próximo sobre una colina cercana y al mismo tiempo alejado, para evitar beligerancias.

Los romanos latinizaron el nombre indígena de la ciudad ("Ispal") y la llamaron Hispalis, siendo el nombre oficial completo "Colonia Iulia Romula Hispalis". De este modo, Julio César fundó Híspalis, nombrándola Julia por su propio nombre y Rómula (Roma la Chica) por el de Roma.

Hispalim Caesar Iulius condidit, quae ex suo et Romae urbis vocabulo Iuliam Romulam nuncupavit. Hispalim autem a situ cognominata est, eo quod in solo palustri suffixis in profundo palis locata sit, ne lubrico atque instabili fundamento cederet.

Isidoro, Etimologías, XV 1, 71.

Hispalis se desarrolló como uno de los centros comerciales e industriales más importantes de Hispania, mientras que Itálica se consolidó como ciudad residencial típicamente romana en la que nacieron varios emperadores: TrajanoAdriano y, quizás, Teodosio.

Restos del acueducto de Sevilla, la tercera arcada.

Durante este período fue capital de uno de los conventos jurídicos de la Baetica, el Hispalense. Híspalis e Itálica terminaron teniendo cada una su particular característica: Híspalis como ciudad financiera, comercial e industrial hispano-romana, e Itálica como ciudad residencial, genuinamente romana.

En el año 49 a. C., Híspalis poseía muralla y foro. Considerada como una réplica de Roma, era una de las ciudades más importantes de la Bética y de Hispania. En los últimos siglos del Imperio era la undécima del mundo.[3] Hispalis era una ciudad de gran movimiento mercantil y con una importante actividad portuaria. El área alrededor de la actual Plaza de la Alfalfa constituía el punto de encuentro del cardo maximus que transcurría de norte a sur, desde la actual iglesia de Santa Catalina hasta la calle Abades y el Decumano mayor que transcurría de este a oeste desde la actual iglesia de San Esteban en la calle Águilas hasta la plaza del Salvador. En esta zona se encontraban el foro de la época imperial romana, que comprendía templos, termas edificaciones públicas y mercados.[4]

A mediados del siglo II d.C. hubo un par de intentos de invasión por parte de los moros (mauris), que fueron finalmente expulsados por arqueros romanos.

El cristianismo llegó pronto a la ciudad y en el siglo III fueron martirizadas las hermanas Santas Justa y Rufina (unas de las actuales patronas la ciudad), según la leyenda, por no querer adorar a Astarté.


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