lunes, 23 de febrero de 2015

Sevilla y la gran riqueza musulmana. Sevilla-España.


Época andalusí


La Torre del Oro fue construida en el siglo XIII por orden del gobernador Abù l-Ulà.



Musa, acompañado por su hijo Abd al-Aziz ibn Mussa, cruzó el Estrecho con un ejército de 18.000 hombres y procedió a la conquista del territorio visigodo. Ocupó Medina-SidoniaCarmona y Sevilla, y, seguidamente, atacó Mérida, poniendo sitio a la ciudad, que resistió un año (30 de junio del 713). El príncipe musulmán Abd al-Aziz ibn Mussa, tomó Sevilla después de un largo asedio. Hasta su asesinato a manos de sus primos en el 716, Sevilla hacía las veces de capital de Al-Ándalus (el nombre que recibió la Península Ibérica como provincia del Imperio islámico). A partir de ese momento la sede de gobierno se trasladó a Córdoba con el rango de Emirato (independiente desde Abderramán I -773- y convertido en Califato con Abderramán III -929-). Sevilla sería cabeza de una cora.

Durante esta época de dominio musulmán creció enormemente la riqueza cultural de Sevilla, cuyo nombre fue arabizado como Isbilia. Se favoreció la expansión de la religión musulmana mediante concesiones a los cristianos que se convirtieran al islamismo (muladíes) y que no gozaban los que permanecieran cristianos (mozárabes). Los mozárabes llamaban a la ciudad Ixbilia, nombre que derivó en Sivilia y en el Sevilla que ha llegado a la actualidad.

Por los años 830 se construyó la mezquita de Ad-Abbas,[6] que actualmente ocupa la iglesia de El Salvador.

El 1 de octubre de 844, estando la mayor parte de la península Ibérica controlada por el Emirato de Córdoba, un grupo de aproximadamente 80 barcos vikingos, después de haber intentado saquear AsturiasGalicia y Lisboa (ciudad que consiguieron a su regreso), ascendió por el Guadalquivir hasta llegar a Sevilla, atacó la ciudad durante siete días causando un gran número de bajas humanas y haciendo numerosos rehenes con la intención de pedir rescate, -otro grupo quedó en Cádiz para saquearla-. Mientras llegaba el dinero, se quedaron esperando en la Isla Menor o Qabtîl (una de las islas del río). Entre tanto, el emir de Córdoba, Abderramán II, preparó un contingente para enfrentarse a ellos. El 11 de noviembre se entabló una batalla campal en los terrenos de Tablada. Los resultados fueron catastróficos para los invasores, que sufrieron mil bajas; cuatrocientos fueron hechos prisioneros y ejecutados, unas treinta naves fueron destruidas, siendo los rehenes liberados. Con el tiempo, el reducido número de supervivientes se convirtió al islamismo, instalándose como granjeros en la zona de Coria del Río, Carmona y Morón, dedicándose a la ganadería y producción de productos lácteos (origen de los reputados quesos sevillanos). Los vikingos realizaron varias incursiones más en los años 859966 y 971, pero con intenciones más diplomáticas que conquistadoras; aunque un intento de conquista en el año 971 quedó frustrado, siendo la flota vikinga totalmente aniquilada.[7]

Durante esta época de dominio musulmán creció enormemente la riqueza cultural de Sevilla, cuyo nombre fue arabizado como Ishbiliya. La ciudad dependía del Emirato y más tarde del Califato de Córdoba. Tras la caída del califato alcanzó la independencia y fue capital de uno de los reinos de taifas más poderosos, desde 1023 hasta 1091, gobernado por la familia de los abadíes. Entretanto, los cristianos se mostraban con frecuencia amenazadores entre los reinos taifas, y en el año 1063, en una de las incursiones cristianas bajo mando de Fernando I de Castilla descubrieron la débil fuerza militar que poseían dichos reinos. De este modo, sin apenas resistencia, a los pocos años el rey sevillano Al-Mutamid tuvo que comprar la paz y pagar un tributo anual, convirtiendo a Sevilla por vez primera en tributaria de Castilla.

Desde finales del siglo XI y hasta mediados del siglo XII los reinos de taifas se unificaron bajo los almorávides (de origen sahariano). Tras el hundimiento del imperio almorávide, en 1151 la ciudad fue absorbida por el Imperio almohade (de origen magrebí). Estas épocas fueron florecientes económica y artísticamente para Sevilla: se construyeron la Giralda, el Alcázar y el puente de barcas para unir Triana con Sevilla.

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